Eugenio Álvarez-Cascos

La gran estafa de Salvados

In Uncategorized on 1 de octubre de 2012 at 5:38

Este chico que se llama Jordi Évole y al que llaman El Follonero hace un programa de entrevistas en La Sexta bajo el título de “Salvados”, y como todo lo de La Sexta pasa por ser de una gran exquisitez intelectual y de una gran valentía periodística y no es más que el enésimo linchamiento que la izquierda mediática intenta practicar contra la discrepancia. Évole es siempre complaciente, dúctil y servil cuando entrevista a tipos de izquierda: se hace el graciosete pero es descaradamente pelota y nunca les hace quedar mal. Todo se vuelve azúcar y masaje cuando el entrevistado es, por ejemplo, Felipe González. La agresividad, el ir a cazar y sobre todo ese tono de bromita de quien se siente moralmente superior a su interlocutor y le trata de imbécil lo reserva para personajes de derechas o con los que simplemente no está de acuerdo. Lo de “Salvados” nada tiene que ver con el periodismo, ni con lo intrépido, ni con la búsqueda de ninguna verdad. Es un panfleto, el mismo panfleto de La Sexta, el mismo panfleto de la izquierda, el mismo panfleto de siempre. Todas las entrevistas están editadas, cortadas por aquí y por allá, “i embolica que fa fort”, como decimos en catalán, haciendo quedar siempre del peor modo al entrevistado y del mejor modo al entrevistador; los momentos que no interesan a la propaganda se suprimen, las respuestas brillantes se cortan por donde más en ridículo quede el entrevistado. Ni es periodismo ni es honesto. En estos tiempos relativistas, de socialdemocracia moral y de corrección política, un programa como el de Jordi Évole estaba llamado a ser un gran éxito. “Salvados” es el fiel reflejo de nuestra era, es el sectarismo bajo la apariencia de algo serio, es el linchamiento enmascarado de humor y de profundidad. Estamos tan desorientados, tan atrofiados, tan vergonzosamente mediatizados por el buenismo, que Évole parece un héroe cuando es sólo un empleado más de la siniestra maquinaria. Lo preocupante no es que la izquierda se crea moralmente superior a la derecha; lo preocupante es que una gran parte de la derecha, una grandísima parte de la derecha asuma que la izquierda posee realmente esa falsa superioridad moral. Lo dramático no es que la izquierda ponga en circulación sus panfletos, porque la izquierda siempre ha vivido del agit-prop total; lo dramático es que la derecha se deje meter estos goles tan clamorosos, entre almtrapo, le ría las gracias al chaval y le conceda entrevistas. Basagoiti, Peces-Barba, etcétera fueron unos necios no por lo que acabaron contándole a Évole -que también, ¿a quién se le ocurre?- sino por el mero hecho de recibirle, por hacerle el juego a la vieja caspa izquierdista aunque venga disfrazada de jovenzuelo lenguaraz y alegre. Son tiempos increíblemente mezquinos e insólitamente bajos. Tiempos de una bajeza extrema, y eso es normal que se manifieste en todas las esferas de la sociedad. Lo bueno de “Salvados” es que al ser un programa de televisión quedará grabado para la posteridad, y siempre lo tendremos a mano cuando alguien quiera desdramatizar la miseria intelectual que caracterizó nuestra época

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